Y es que no puedo evitar sentirme triste, mal, penosa, acorralada, sin dicha. Decir no a ciertas oportunidades porque no eres capaz de empezar de cero. Y Finlandia se acerca y yo sigo sin saber como llegar sin perder la sonrisa.
Y te echo de menos, te echo tanto de menos que podría bañar el pueblo a lágrimas. Y no puedo pedirte que vuelvas porque me odias demasiado, y lo sé. Y más me gustaría a mí odiarte, más me gustaría a mí que no me importaras. Pero me importas. Pero te fuiste. Dijiste que estarías en las malas, y Finlandia se acerca y tú no estás en las malas. Ni en las buenas. No estás. No te veo. No te siento. Pasas de mí. Y encima, te resulta fácil. Y me duele. Y cuando me duele, quiero odiarte. Pero odiarte no está en mis planes.
Tengo miedo de no olvidarte. Tengo miedo de que te quedes siempre grabado en mí. Pero más miedo me da Finlandia, y tú no estás para abrazarme.
Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde. O algo así dicen.
En fin.
Volvamos a empezar este mierda de día, volvamos a a decir que te echo de menos, y que no vas a volver a venir. Volvamos a tener este día. Una vez más.