A todos en algún momento de nuestro ser nos toca estudiar en viernes. Ya sea porque tenemos encima una selectividad con un magnífico segundo de bachiller, o por el contrario, como en mi caso, tenemos una maravillosa carrera universitaria que exige mucho de nosotros mismos.
Sea cual sea el motivo por el cual tienes que estudiar un viernes, el primer paso es mantener la calma. Tener tranquilidad y no protestar ni pensar en lo que estarán haciendo nuestros amigos, si habrán decidido ir de cervezas o al cine, y si por el contrario prefieren plan de discoteca a tope.
Stop.
Estos pensamientos los queremos bien lejos, ya que si no, la concentración del estudio será nulo y el viernes habrá sido inútil, y lo que menos queremos es tener que quedarnos más viernes estudiando.
Después de conseguir tranquilidad en este aspecto, debemos alejarnos del sofá. Está bien descansar un rato, pero un rato no equivale a toda la tarde. Así que cuanto más lejano estemos de nuestro sofá, mejor.
El estudio podemos empezarlo con una organización basada en saber qué es lo más importante y qué es lo secundario. Lógicamente si nos enfrentamos a un examen tipo test hay que leer mucho y entender más todavía. Si el examen es de puro desarrollo; id a por lo principal e importante. Si en cambio es un examen mixto, estamos jodidos.
Después de saber claro todo lo que tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo, al lío. Comienza el estudio. Debemos de planificar qué temario estudiar en un determinado tiempo e intentar cumplir el objetivo. Haremos descansos no muy largos, por ejemplo un descanso de media hora cada dos horas, o un descanso de diez minutos cada hora. Ya depende de nosotros y nuestra concentración de viernes.
Sólo queda aguantar y pensar, que cuando terminemos y nos vayamos a dormir, estaremos orgullosos y satisfechos de nosotros mismos, y eso es una de las mejores sensaciones del mundo.
Recordad que no estáis solos, hay mucha gente, más de la que nos imaginamos, que por gusto o deber, estudia un viernes.
Feliz día sonrientes, a tope.