Todo es diferente aquí. Todo ha cambiado. No creo que los cambios hayan sido buenos, pero seguro que la experiencia servirá para aprender. Y aprender es bueno.
En esta habitación de dos camas. Una señora duerme al lado, tiene la respiración agitada. Estoy lejos del lado de la ventana, me encantaría poder estar cerca de ella. Me apetece abrirla y mirar más allá. Me apetece sentir el aire.
Últimamente pienso en todo lo que me esta ocurriendo, en como el tiempo te hace crecer. En lo fuerte que me siento.
La verdad que te fuiste en el peor momento, pero gracias a eso, he descubierto que soy fuerte. Muy fuerte. Vicent estaría orgulloso de mi. Lo sé.
Puedo decir con la cabeza bien alta, que no me arrepiento de ninguno de mis comportamientos. Porque no es maduro no cometer errores. Es maduro cometerlos, pedir perdón y mejorar aprendiendo. Yo lo he hecho, he pedido perdón. Sin humillar a nadie. Sin pisotear a nadie. Sin decir verdades hirientes. Me guardé todo y tal vez pequé de buena. Pero actué bien, y me siento orgullosa de ser como soy.
Algún día, el tiempo hará que te des cuenta de lo mucho que te has equivocado. Algún día sabrás todas las palabras que sonaron y yo callé. Has elegido un camino en el cual te acompaña el mismo enemigo. Pero somos libres de tener al mismo enemigo de amigo.
Y aquí sigo, en este cuarto, en pleno principio navideño. Sonriendo por las risas de esos niños que me enseñan todos los días que las imperfecciones es la perfección de la gente.
Aquí estoy, en paz conmigo misma, feliz. Aprender es bueno. Gracias.