domingo, 30 de noviembre de 2014

Ir, volver, dejarse llevar.

Fumar, escribir, beber café, emborracharse, dormir hasta el atardecer, vivir soñando, andar pensando, dibujar, leer, ver la vida pasar, cerrar los ojos, que te tiemblen las manos... Acciones que hacemos para olvidar algo que nos hace daño continuamente. Un leve recuerdo sacado de algún momento lejano en el cuál éramos felices. Pasar por ese sitio donde eras feliz. Recordar que eras feliz.
No somos nadie más que corazones agrietados buscando un camino para continuar y dejar huella. Sólo somos nieve derritiéndose o chocolate espeso. Sólo somos nosotros mismos pidiendo ayuda sin recibir nada a cambio.
Pero llega un día, en el cual te levantas. Piensas que todo irá igual que en los últimos días. Crees que nunca cambiará nada. Pero entonces, algo se activa. Llega ese momento en el cuál dejas de vivir para los demás y empiezas a vivir para ti. 
Porque nadie merece ser tratado como una mierda. Nadie merece que le pisoteen y le arruinan a golpes de palabras el día. Porque un buen corazón se mantiene fuerte. Porque los huesos de cristal hay que protegerlos a muerte.
Y ahí es cuando te das cuenta de que ha dejado de llover, de que el sol quiere salir, y que el nublado no durará toda la vida. Te das cuenta de que vales más que muchos, y de que tú nunca tratarías a alguien así. Te das cuenta de los errores, de los recuerdos, de los corazones heridos. 
Te das cuenta del tiempo. De la vida. Del mundo.
Empiezas a extrañar el simple sonido del reloj, extrañas todo y más. Echas de menos los buenos días, las buenas noches, los te quiero. Echas de menos una caricia, un olor, una sonrisa. Echas de menos su mirada, su sabor, su forma de ser.
Pero echar de menos no es malo. Echar de menos sirve para saber lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos.
Porque te quiero. Porque me quiero. Porque ya no tengo miedo. 

Porque ya no depende de mí, ya no depende de ir, de volver o de dejarse llevar. 
Sólo depende de quienes somos.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Suerte desde abajo.

Uno de los nuestros, uno de los que también luchaba por conseguir su sueño. Uno más de esta gran familia. 
No entiendo por qué pasan estas cosas cuando menos lo esperas. 
Llévate los buenos momentos junto a tus compañeros, llévate las risas de las fiestas que podíamos disfrutar. 
No hace falta tener el titulo para saber que eras un genial veterinario.
 Quédate con esos nervios entre amigos de antes de los exámenes, con las tardes de biblioteca. 
Llévate el primer aprobado, el primer suspenso. El primer caso clínico. Llévate los treses en bioquimica y los dieces en parasitologia. Allí arriba, vet. 
Allí arriba, desde abajo. 
Hasta siempre compañero. 

sábado, 22 de noviembre de 2014

Una y otra vez.

Me digo a mí misma, una y otra vez, que mañana todo irá bien. Que siempre hemos vivido esto sola, y que sola seguimos viviéndolo. Supongo que en noches como esta, en situaciones tan importantes como esta, te das cuenta de los que están y de los que no están. No hay mucho que decir, las preocupaciones llegan cuando algo te deja de importar. 
Vámonos a bebernos el mundo, el sol, la noche. Las estrellas. Este cielo. 
Sincronizar la radio en el coche, y arrancar. Volver a casa. Dejar de estar sola, afrontar la realidad. Limpiar las lagrimas, dibujar la sonrisa con permanente. 
No es mas fuerte el que habla, es mas fuerte el que calla. No es mas maduro el que hace daño con acciones, sino el que perdona esas acciones.
No es mejor persona el que esta a ratos, sino el que está siempre. 
Queda mucho por vivir, pero me siento orgullosa de mi forma de vivir. Otros no pueden decir lo mismo.