Aún recuerdo los domingos de cine y las carreras para coger la última galleta de chocolate. Que siempre ganabas tú, pero era yo quien se la comía. Gracias por dármela.
Aún recuerdo cuando me rompieron por primera vez el corazón y tú tenías las palabras indicadas para hacerme sonreír. Y ese día en el que era necesario estudiar pero no quería estar sola, y nos pasamos toda la noche en la biblioteca. Gracias por aguantarme.
Aún recuerdo ese día en el que llegué a tu nueva ciudad inglesa y ya tenías una habitación para mí, y mucho chocolate en la despensa. Aún recuerdo. Y sonrío.
Te echo de menos hermano.