martes, 12 de septiembre de 2017

Interiores.

Un robot que sigue una rutina programada. El camino de una lágrima que se tuerce al llegar a la comisura del labio. El sonido del agua al caer. El semáforo que se pone en verde. La brisa en un día caluroso. Nosotros. El pasado. La vida antes del día x.
Metida en un laberinto, dejé de buscar puertas hace mucho tiempo, me declino por ventanas. O por una pala y empezar a cavar mi propia libertad. El laberinto es una vida que te agobia, te hace ver la vida con niebla, sin claridad. Un laberinto sin salida.
Echo de menos la vida en línea recta, cuando tensaba la cuerda y pasaba de puntillas. O cuando se hacía trampas y usabas el atajo. Echo de menos eso.
Es como un cortar y pegar. Como un word escrito con asteriscos. No tiene sentido salir del laberinto. Ya no es ¿por qué?, ahora es ¿para qué?. Un consejo de cómo encontrar ventanas estaría muy bien. Pero siempre dijiste que mirara al frente y no me rindiera.
El robot. La lágrima. El agua. El semáforo. La brisa. Nosotros. El pasado. El día x.
La rutina. La verdad. La música. Conducir. El verano. Tú y yo. El laberinto. La puerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario