Siento como si el aire faltara y hubiera que racionarlo, las lagrimas tan afines ya a no permanecer dentro de su glándula han hecho que no me importe llorar en cualquier sitio.
En la calle, los bancos, la cama, la ducha... Llorar ahora es lo único que me permite descansar. Y lo peor es que estoy dándome por vencida, ya no quiero salir de aquí, ya no hace falta subir para ver la luz. Ya no. Aquí es donde estaré, llorando en cualquier sitio hasta que se agoten las lagrimas, y entonces, entonces, para ese entonces ya no quedarán recuerdos.
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